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Retrocedemos y no avanzamos

No hace mucho tiempo hable con un ex piloto sobre el automovilismo actual. El personaje en cuestión se mostró indignado. Una y otra vez repetía, “Los Simpsons tienen más rating que las carreras”. También me decía que en su época la actividad era más importante que el fútbol. Al punto que en las tapas de los diarios era habitual ver un título referido a los fierros. “Nasif ganó la Etapa”, ejemplificaba haciendo alusión a la época de los Grandes Premios y a su relevancia.

Las dos cosas son ciertas. Los personajes de Matt Groening no tienen con qué darle a las carreras de TC, TC2000, Top Race o TN. Y también rara vez se puede encontrar al ganador de alguna competencia en la portada de un matutino. De hecho, las carreras de autos tienen un lugar destacado en primera plana cuando hay un accidente fatal. La única excepción es el Dakar, que tiene su lugar porque se convirtió en un fenómeno social.

Siempre me pregunté por qué el automovilismo había perdido terreno con respecto a otras disciplinas. Nunca tuve la respuesta. Pero tengo mi teoría: las grandes peleas que hay entre aquellas personas que toman decisiones, ya sean dirigentes, pilotos y hasta periodistas (en realidad, organizaciones periodísticas)…

Tengo la sensación de que esa diversificación –que se acrecentó en los últimos años- es la clave para que los domingos sean de Los Simpson y que el Dakar solo sea tema de tapa en los periódicos.

Lamentablemente, no veo en un corto plazo que esto se solucione. Mientras exista esa disputa entre las categorías y nadie interceda para encontrar una solución, el automovilismo argentino retrocederá en lugar de avanzar.


El espíritu Fangio

Es todo un símbolo. De ésos que causan orgullo y que hacen inflar el pecho. Tal vez sea el ídolo más importante del deporte argentino o al menos esté en el podio entre las figuras que dejaron bien representado el honor de todo un país.

Juan Manuel Fangio no necesita más presentación. Es, fue y será el más grande ejemplo de cómo tiene que ser un deportista y, por qué no, una persona. Se ganó un lugar a base de resultados y de hazañas memorables, pero forjó su mito con palabras y actitudes tales que a cien años de su nacimiento su espíritu sigue vigente en todo el mundo…

Pero lo más importante es que Fangio está presente en cada rincón del corazón de los argentinos. Porque al repasar su vida hay ciertas similitudes con la historia de esta querida nación. Todo lo que consiguió no fue por azar, ni muchos menos. Fue porque buscó su destino en cada largada, en cada curva y en cada sobrepaso a un rival.

Consiguió todo por mérito propio y jamás nadie le regaló nada. Fue un héroe de las pistas y también un espejo en quien reflejarse. Por eso, este centenario está plagado de homenajes y tributos, que se suman a todos aquellos que ya se le hicieron desde hace años (algo que demuestra que un reconocimiento no siempre debe estar vinculado a una fecha especial).

Su legado es grande. Inmenso. Pero tal vez haya una frase que lo pintaba de cuerpo entero y que hoy toma cierta relevancia. “Hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor”, dijo alguna vez. Toda una lección. Porque si todos siguiéramos esas palabras al pie de la letra, la vida sería un poco más fácil. ¿No?


5 propuestas para hacer más divertido al automovilismo

En los últimos años varias categorías del ámbito nacional e internacional implementaron diferentes ideas con el fin de hacer que los espectáculos sean más entretenidos para los fanáticos. Así se implementaron los lastres, se invirtieron las grillas, se usaron las penalizaciones por handicap y se idearon los playoffs. Eso sin contar algunas novedades técnicas, como el “push to pass” que usa el StockCar Brasileño o el regreso del KERS y el debut del alerón movible de la Fórmula 1. Desde hace tiempo pienso que las carreras de cualquier categoría del mundo podrían ser más divertidas aplicando algunas cosas más originales aún, vemos…

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El futuro no se mancha

Para aquellos que hacemos CORSA, cada una de las páginas de la revista son importantes. Sin embargo, la editorial nos exige el doble porque refleja nuestro sentimiento sobre la actualidad del automovilismo. Siempre tratamos de ser precisos con las palabras y con las expresiones porque queremos que se tomen de manera constructiva y no destructiva. A veces resulta sencillo completar estos mil y pico de caracteres. Pero a veces se complica. Y por lo general esto pasa cuando uno tiene miles de ideas en la cabeza que pretende plasmar de manera sencilla.

Esta editorial debería estar dedicada a la consagración de Norberto Fontana en el TC 2000 o a darle aliento a Marcos Patronelli, que se perderá el Dakar tras un accidente mientras se entrenaba. Pero no. Estas líneas son para referirnos al bochornoso final de temporada de la Fórmula Renault 2.0.

Si uno analiza cómo fue su temporada era inevitable que terminara como terminó: con una polémica que se recordará por mucho tiempo. Todas las miserias humanas Estuvieron expuestas a flor de piel durante todo el año. Pero lo más triste es que pasó en la categoría que, teóricamente, debe nutrir de pilotos al automovilismo argentino. Si ocurrió lo que ocurrió es porque algo mal se hizo. Hay algo que está funcionando mal y hay alguien que no está tomando las decisiones correctas.

Boicots y maniobras antideportivas adrede fueron acusaciones constantes entre los tres protagonistas de la lucha por el título. Pero nadie le puso cota a la situación. Nadie les dijo a los chicos y a los responsables de sus equipos que estaban actuando mal. Nadie les dijo qué consecuencias podía tener semejante actitud. Y esto sí es una contradicción. Una gran contradicción -de las que sí es necesario preocuparse- porque el futuro de nuestro automovilismo quedó manchado y golpeado en Potrero de los Funes. Y nadie hizo nada por evitarlo.

A veces resulta difícil llenar este espacio. Hoy, lamentablemente, les juro que no.

Editorial publicada en la edición Nº 2062 de CORSA del 6 al 12 de diciembre de 2010.


Ídolo se extraña

Tenía todo lo que un ídolo debe tener. Era corajudo detrás del volante, extremadamente rápido y al mismo tiempo preciso, tanto con sus maniobras como con sus declaraciones. Además, era un excelente mecánico, algo que le permitía darse un lujo no muy común en estos tiempos: correr un auto construido por sus propias manos.

Hoy su apellido es una marca registrada porque él fue el primer eslabón de una dinastía fierrera que parece no tener fin. Hoy siguen corriendo sus hijos y también lo están haciendo sus nietos.

Hay un autódromo que lleva su nombre, también un monumento en su ciudad natal y su recuerdo perdura en la memoria de miles de fanáticos.

De esos que lo vieron ganar con 19 años sobre una cupecita de TC en la década de 1960 o de los que se emocionaron cuando venció por última vez en la popular categoría en el autódromo de Buenos Aires en 1998, a los 53.

En el medio, miles de proezas que acrecentaron su fama. Tanto dentro de la pista, como sus aventuras con el Berta LR o su participación en las 84 Horas de Nürburgring; como algunas fuera de ella, fue empresario, todo un Don Juan y hasta se le animó a la política. Porque así son los ídolos. Porque así era Rubén Luis Di Palma. Y sí Loco, se te extraña.

Editorial correspondiente a la edición Nº 2052 de la revista CORSA.


72.000

Tribunas llenas. Gente con la cara pegada al alambrado. Familias enteras que están desde temprano para conseguir un lugar privilegiado en las gradas. El estacionamiento está repleto. Tal es así que al mediodía la Policía Federal prohibió el ingreso de más vehículos al predio del Autódromo. Hacía tiempo que el automovilismo no vivía algo similar. En realidad, hace menos de un año con la anterior presentación del Top Race en el trazado porteño. Después hay que remontarse a aquella carrera de 2006 del TC en la que ganó Diego Aventin, las primeras ediciones de los 200 Kilómetros de Buenos Aires del TC 2000, cuando una exhibición de un Fórmula 1 era parte del show, o incluso los Grandes Premios de la Argentina de F-1 de 1998 o de 1981.

El domingo había mucha gente en el Hermanos Gálvez. Muchísima. Pero hubo que esperar hasta después de la carrera para que el comisario Miguel Ángel Cariolo aportara el dato preciso: “Hubo 72.000 personas”. Creer o reventar.

Ver tantos espectadores erizó la piel y demostró que el automovilismo es convocante si al público fierrero se le ofrece algo extra. El Top Race montó un espectáculo integral, que incluyó atracciones para toda la familia. Hubo desde las exhibiciones de los camiones, hasta las piruetas de Malatini con su avión, los paracaidistas y hasta los juegos para los más chicos. Lo que hizo no es algo nuevo. No es que el Top Race haya descubierto la pólvora. Porque muchas de estas cosas ya se hacen en otras partes del mundo con el mismo éxito.

Walt Disney, alguien que de entretenimiento sabía mucho, dijo alguna vez: “En este lugar perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás. Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. Sé curioso… porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos”. Ésa es la fórmula que el último domingo dio resultado. No hay que perder tiempo mirando hacia el costado, ni tampoco al pasado. Sólo hay que caminar hacia adelante y probar cosas nuevas para tener un mejor futuro. Esa búsqueda puede ser la clave para que el automovilismo, por fin, ocupe el lugar que se merece.

Editorial correspondiente a la edición Nº 2051 de la revista CORSA (del 20 al 26/09 de 2010).


Eso de andar a fondo

Promediando la semana el automovilismo fue noticia por un hecho que no fue deportivo. Marcos Di Palma hizo de las suyas y rompió las normas de tránsito al ir por Panamericana a “285 km/h” con un Audi A4. El que dio a conocer la noticia fue el actor Matías Alé, quien era su acompañante y testigo privilegiado de esta “locura”. Lo hizo por intermedio de Twitter e inmediatamente eso se convirtió en noticia.

Hubo placas rojas por todos lados y muchos medios tomaron al pie de la letra las palabras de Alé. Pocos hicieron lo que se debe en estos casos: investigar y averiguar si, efectivamente, un auto de calle de ese tipo llega a semejante velocidad. Fueron a fondo, tal como lo hizo Marcos que afirmó que puso su auto a 196 km/h. Claro que eso no tapa la barbaridad del arrecifeño, más en una época en la que muchas personas mueren todos los días por accidentes de tránsito.

El sábado, el automovilismo volvió a ser noticia, pero esta vez por un hecho deportivo. Con la luna como testigo el TC 2000 rompió con esa regla que dice que una carrera en un callejero es monótona y sin sobrepasos. Emiliano Spataro, Norberto Fontana y Matías Rossi fueron a fondo en el trazado urbano de Santa Fe y entregaron un espectáculo de primer nivel repleto de emoción.

A fondo también fueron los mecánicos del Equipo Petrobras. Repararon en tiempo récord el auto de José María López que se destrozó en los tanques llenos del domingo. Pechito no tuvo mejor idea que recompensar tanto esfuerzo subiendo al podio.

Lástima que esta presentación del Turismo Competición terminó con polémica. Justamente porque los pilotos fueron a fondo por donde no debían. Varios pasaron la chicana por arriba y terminaron rompiendo los pianitos colocados en ese sector. Muchos de los que abandonaron dijeron que era una barbaridad lo que había pasado y trataron de sacarse responsabilidad cuando fueron ellos mismos los que provocaron el daño.

¿Cuántos la habrán cortado por picardía y cuántos porque no les quedaba más remedio? Eso no se sabe. Pero si los comisarios deportivos hubiesen ido a fondo y mantenido su postura de aplicar recargos si eso sucedía (desistieron de hacerlo por la insistencia de los propios pilotos, que pedían apercibimientos o pase y siga) tal vez la carrera hubiese terminado con una bandera de cuadros y no con una roja.

Es lindo ir a fondo. A todos nos gusta, pero hay que hacerlo cuando se debe. No siempre…

Editorial correspondiente a la edición Nº 2050 de la revista CORSA (del 13 al 19/09 de 2010).


Corazón valiente

Es aquel que lucha. Que jamás baja los brazos. Que saca fuerzas de su interior para revertir una situación adversa. Es aquel que deja el alma en todo lo que hace…

Corazón valiente es Esteban Guerrieri, que volvió a poner a la Argentina en lo más alto de un podio en una pista europea. Porque en un año clave para su sueño de llegar a la F-1 hace todo bien y se ilusiona con lograr el apoyo que le permita tener un lugar en la Máxima. Claro que no todo depende de él.

Corazón valiente también es Omar Martínez, que en Nueve de Julio peleó como un guerrero por esa chance de entrar entre los 12 que buscarán el título de TC. Dio todo y mucho más. No le alcanzó, pero cayó como un héroe. Demostró que a los 44 años se mantiene vigente y con hambre de gloria.

Corazón valiente es Juan Marcos Angelini, que se esforzó y logró ese ansiado primer triunfo en la popular categoría. Lo consiguió en el momento justo, porque gracias a este éxito se aseguró el último lugar en el selecto grupo que va por la corona.

Corazón valiente son los fanáticos, que una vez más dijeron presente en el circuito bonaerense. Alentaron a sus ídolos, cargaron a sus adversarios y vivieron un domingo en familia o con amigos.

Editorial correspondiente a la edición Nº 2049 de la revista CORSA (del 6 al 12/09 de 2010).