Querido Pepe,
No tuve la suerte de verte correr, ni tampoco de compartir demasiados momentos con vos. En estos años cruzamos algunas palabras para contarme cosas de tu vida. Me hablaste de tus triunfos en Europa, de tu amistad con el Chueco, de tus años en el Turismo Carretera, de cómo hiciste para que el General Perón construyera un autódromo y de muchas cosas más…
Con un poco de vergüenza te pedí sacarnos una foto, en la que poso con mi mejor cara de cholulo como diciendo “mirá a quién tengo al lado”. Igual, siempre me trataste con respeto y con una amabilidad admirable. ¡Bah! Como siempre lo hacés con todo el mundo.
Conozco mucho de vos por los libros y las revistas. Sé que fuiste un gran piloto. De esos corajudos que iban al frente, pero que eran incapaces de hacer una mala maniobra a un rival. Que también tuviste un montón de amigos y que extrañás a muchos de ellos. Que en tu corazón hay un caballito rampante y que estás muy orgulloso de haberle dado a Ferrari su primer triunfo en la Fórmula 1.
Me contaron que por eso en Maranello sos venerado como un héroe, que todos te aprecian y que hasta el mismísimo Luca Di Montezemolo sigue al pie de la letra tus consejos. También sé que tenés el sueño de ver de nuevo a un compatriota en la Máxima y que en este tiempo hiciste lo imposible para que ese anhelo se hiciera realidad.
Hacía mucho que quería escribirte estas líneas y esperé hacerlo en esta fecha, que es tan importante para vos. Hace 60 años hacías historia y por eso no me queda otra que agradecerte. Gracias José Froilán González por ser argentino. Y gracias a Dios porque podemos seguir disfrutándote.